Raíces y Memoria

 
 

Agricultura Familiar, sustentabilidad rural

Con las Directrices de gobernanza sobre tenencia responsable de tierra, pesca y bosques de la FAO, los campesinos esperan tener una herramienta que apoye sus procesos de Agricultura Familiar y organización.

La Agricultura Familiar y la asociatividad organizativa campesina están sustentadas en la armonía con la naturaleza, su historia, su lucha y sus raíces, que hoy están amenazadas por el auge de la Agroindustria, modelo institucional impuesto en contravía de la vida rural sustentable y de la identidad campesina.

La Agricultura Familiar, pilar de la identidad y sustentabilidad agrícola campesina
La reciente aprobación por parte del Congreso del Plan Nacional de Desarrollo, PND, 2014 - 2018: “todos por un nuevo país”, dejo el sinsabor en amplios sectores rurales que éste excluye al pequeño y mediano campesino y, centra su énfasis y apoyo financiero en la Agroindustria y, motivó entre otras acciones de exigibilidad la oportuna Campaña por la defensa y protección de la Agricultura Familiar, promovida por la organización Agrosolidaria Confederación Colombia. También propició el interés en socializar y analizar las “Directrices voluntarias sobre gobernanza responsable de tenencia de la tierra, pesca y los bosques en el contexto de la seguridad alimentaria”, emitidas por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, en 2012.

En este marco la FAO -Colombia realizó durante el 12 y 13 de junio dos talleres (uno con instituciones y otro con campesinos) con propósito de presentar las directrices, analizar su alcance, comprensión y aceptabilidad por parte del gobierno y las organizaciones campesinas. Las Directrices voluntarias (no vinculantes, sino recomendaciones que a bien tengan o no los gobiernos acoger y cumplir) son un instrumento que buscan contribuir a los esfuerzos para erradicar el hambre y la pobreza que padecen muchos pueblos en el mundo, con base en principios de desarrollo sostenible y el reconocimiento central de la tierra, mediante la promoción de derechos seguros de tenencia y acceso equitativo a la tierra, la pesca y los bosques. Este artículo presenta un resumen del taller con las organizaciones campesinas, así como un breve contexto y expectativas del movimiento campesino contemporáneo.

Por un país con campo y con campesinos (desarrollo del taller)  
Los dos principales aspectos del PND en materia rural del agro son la transformación del campo y, el  crecimiento verde; en el primer aspecto se otorgan al gobierno facultades “extraordinarias” para tomar decisiones en torno al desarrollo rural y agropecuario, para lo cual se “establecerán” mecanismos de intervención integral en territorios rurales y; el “crecimiento verde”, que pretende orientar políticas a largo plazo en tres ejes: deforestación de bosques naturales; protección de humedales y; protección y delimitación de páramos. Para ello el gobierno pondrá en marcha la llamada Misión para transformar el campo, liderada por el Departamento Nacional de Planeación (1).

Estas serían, entre otras, las principales estrategias de la ‘Misión’ a): formalizar la propiedad rural b); ordenamiento y desarrollo territorial (normas, leyes, incentivos, etc.) que regulen la propiedad, el uso, la distribución, la conservación y explotación de la tierra y los recursos naturales en ‘equilibrio’ entre lo social, económico y ambiental”; otras estrategias son productividad, competitividad y, un ‘arreglo’ institucional integral multisectorial con amplia presencia y capacidad ejecutoria local.

Por lo anterior, uno de los planteamientos centrales durante el taller (realizado en Bogotá) con varias de las principales organizaciones agrícolas, sociales y campesinas (Agrosolidaria, Fensuagro, CINEP, La Vía Campesina y FIAN, entre otras) es priorizar un proyecto de país con campo y con campesinos, lo cual denota una exclusión intencionada al actual campesino por parte del gobierno en materia de política rural, pensada sólo desde la “sapiencia” institucional y de espaldas al saber y a las necesidades reales del campesinado colombiano. El taller comenzó con la presentación que hizo la FAO de los principales aspectos de las Directrices como antecedentes (originados en casos de concentración -acaparamiento de tierras y, la crisis alimentaria global), sus principios rectores (la dignidad humana; no discriminación; equidad y justicia; igualdad de género; enfoque holístico y sostenible; consulta y participación; transparencia y; monitoreo, entre otros) y, su enfoque de derechos humanos.

Así mismo cada una de las organizaciones participantes, enfocó su presentación en diferentes temas como el fundamento y potencial de la Agricultura Familiar, por parte de la organización Agrosolidaria que acompañó el taller con varias de sus seccionales: Nariño, Engativá- Bogotá, Caquetá, Boyacá y Cauca. Mario Bonilla, coordinador nacional resaltó la Agricultura Familiar como pilar de la soberanía alimentaria mundial, el trabajo digno e identidad campesina. Campesinos, indígenas y población afro que en sus parcelas, chagras y territorios hacen Agricultura Familiar siembran para la vida y para  la preservación de la tradición, saberes y conocimientos consuetudinarios que, hoy en medio de las crisis ambiental y alimentaria provocadas por el modelo Agroindustrial, se presentan como propuesta al desarrollo sustentable en armonía con la vida, la salud, el ambiente y la producción sustentable de alimentos.

Bonilla expuso (en el marco de las directrices) que los actores estatales y no estatales deben reconocer que la tierra, la pesca y los bosques encierran un inmenso valor social, cultural, espiritual, económico, medioambiental y político para comunidades con sistemas tradicionales de tenencia. La agricultura familiar afianza la autonomía y soberanía alimentaria pilares del desarrollo sustentable en armonía con la naturaleza y el buen uso de los recursos naturales, aspectos que resumió en la siguiente gráfica. 
 
Por su parte Fensuagro, La Vía Campesina y el CINEP, plantearon los principales aspectos de luchas  y exigencias históricas del campesinado en materia de derechos humanos, acceso a la tierra, reforma agraria y especialmente en su valoración y reconocimiento, porque en la Constitución Política del 91 no fue incluido el campesino colombiano, como lo indicaron miembros de Fensuagro; Colombia y su actual gobierno proyectan su derrotero agrario sin reconocer y sin tener en cuenta al campesino como actor del desarrollo rural, promotor de paz, gestor de identidad y, proveedor de alimentos. Fensuagro también expuso y denunció que el gobierno colombiano a través del eje “crecimiento verde” del PND con el que pretende la “liberación de bienes y riquezas naturales”, lo que hace es poner en venta la biodiversidad del país. Esto se funda en la vasta deforestación, la minería, la extracción petrolera, la construcción de presas, fumigación con glifosato y otros herbicidas, los monocultivos y la extracción excesiva; el gobierno en contravía del campesinado se piensa un país sin campo y sin campesinos.  

Las organizaciones referidas cuestionaron la contaminación e intoxicación terrestre con agroquímicos y diferentes venenos usados para producir y trasformar alimentos, así como la modificación genética de semillas que atenta contra la ética y la concepción campesina sobre el curso de los ciclos biológicos de la naturaleza. Javier Medina del CINEP con base en las exigencias y mandato de la Cumbre Agraria enumeró una amplia lista de aspectos agrarios relacionados con las directrices de la FAO, como: a) ordenamiento territorial autónomo; reforma Agraria estructural; b) fortalecimiento de la economía campesina, indígena y afrocolombiana: estímulo a la producción de alimentos con base en el modelo agroecológico y las semillas nativas; c) en materia de plantas medicinales u otras emblemáticas se exige el respeto, reconocimiento y fortalecimiento de usos tradicionales; d) garantías y reparación en materia de derechos políticos y justicia, desmonte de estructuras paramilitares y el ESMAD por su actuación represiva; e) protección de fuentes de agua, acuerdos para abastecimiento de alimentos, derecho a la movilización; g) solución política al conflicto, diálogos regionales, desmilitarización de territorios y garantías para la organización.

Por su parte Juan Carlos Morales de la Organización FIAN Colombia, recomendó hacer seguimiento a las “Directrices voluntarias del derecho a la alimentación en el contexto de la seguridad alimentaria nacional” (2004) y, explicó conceptos básicos como la tenencia, recursos y sobre todo la Gobernanza como la forma de administrar, dirigir y decidir acerca de la posesión, uso y gestión de recursos; lo cual implica los actores con interés sobre esos recursos y su relación entre sí y, las formas como las comunidades participan en la toma de decisiones y exigen rendición de cuentas por parte del Estado.
Breve resumen de las conclusiones del taller

Los participantes del taller: campesinos, indígenas o afrodescendientes, mostraron un gran interés por generar escenarios de diálogo y construcción concertada, si bien reclaman su lugar y su especificidad en la historia y la realidad contemporánea, luego de más de 500 años de imposición y despojo durante los hechos conocidos como la conquista y la colonia. En su sentir estas épocas fueron sólo un primer escalón de una serie de agresiones históricas ininterrumpidas contra los pueblos, contra su dignidad y contra sus saberes y culturas. Para el campo dos recientes y furiosas embestidas dan cuenta de ello, uno el modelo agrícola Revolución Verde y la: ‘locomotora’ minero energética, asociada al contexto de expropiación de tierras, contaminación y violación a la dignidad y los derechos humanos.

En este contexto y respondiendo preguntas base como: ¿De qué manera articular las directrices a las propuestas políticas del campesinado? ¿Cómo implementar las directrices en territorio? Y ¿Qué relaciona los DDHH con las directrices?, se puede concluir: En relación a la primera se planteó que haya una amplia socialización de las directrices en sus contenidos y conceptos como la gobernanza, para darle una interpretación y comprensión afín al lenguaje de las comunidades, así mismo generar escenarios de debate para identificar y analizar los beneficios u afectaciones al aplicar las Directrices y; proveer las condiciones adecuadas para fortalecer la organización de las comunidades campesinas, con base en su concepción tradicional de territorio. Para ello las mismas organizaciones nacionales serán encargadas del proceso de socializar las directrices como estrategia para la comprensión y/o aplicación de las mismas, incluyendo en la socialización análisis respecto a temas fundamentales como la autonomía y la soberanía alimentaria con énfasis en el uso de la tierra y exigir una valoración al campo y al rol del campesino por parte de la sociedad que se beneficia del campo.  

Respecto a las últimas preguntas se propuso aunar esfuerzos y promover encuentros, vinculando otros actores, para generar propuestas sustentables en cada aspecto de la ruralidad; referente a la actividad agrícola orientar la producción con base en la agroecología y, potenciar la Agricultura Familiar, exigir que se le asignen los recursos requeridos para su fortalecimiento y estimular las bregas del campesino y su afán de preservar sus tradiciones culturales y ecológicas. Hubo también una crítica generalizada al proyecto de Ley de Zonas de Interés de Desarrollo Rural y Económico, ZIDRES, por lo cual quedó como compromiso analizar el Proyecto Alternativo de Ley Agraria (que incluya mecanismos claros para adquisición de tierras) y; fortalecer los mecanismos internos de resolución de conflictos que ya cuentan por ejemplo las comunidades indígenas.

Breve contexto y expectativas del campesinado 
Para los participantes del Taller, a quienes consulte su opinión sobre el actual momento que atraviesa el campo y el actual modelo de desarrollo agrario que se cruza con la coyuntura de la consecución de la paz y las expectativas de leyes no muy favorables al campesino, si bien manifestaron una honda preocupación por los retos frente al enfoque agroindustrial, la crisis mundial de alimentos y la crisis ambiental propiciada por los modelos industriales, extractivistas y capitalistas, también se sienten muy esperanzados por el actual momento y los proceso de fortalecimiento organizativo y político del campesinado contemporáneo.

Es un hecho que los movimientos rurales y la cultura campesina se consolidan y se fortalecen en torno a la Agricultura Familiar, a sus prácticas de resignificación de saberes y, se insertan en las dinámicas asociativas actuales, como se muestra con la Campaña y el vídeo sobre la defensa y la protección de la Agricultura Familiar, que ha recibido un respaldo por parte de la FAO, que estima que un 80% de los alimentos en el mundo los provee la Agricultura Familiar y se convierte en la principal fuente de empleo en América Latina y el Caribe con más de 60 millones de beneficiarios (2).

La dirigencia campesina actual, intrépida en heredar el legado de lucha, resistencia y saberes de los venerables ancestros del campo, ven surgir una tendencia mística, si se quiere, cosmogónica de las familias campesinas que aman y cuidan el campo y la naturaleza, reapropian tradiciones agrícolas y ecológicas ancestrales que bien han propiciado bienestar humano y equilibrio ambiental, pero sobre todo se oponen con esmerado ímpetu al actual y depredador modelo extractivista de recursos, y al vergonzoso engendro agrícola de la Revolución verde, por fortuna en decadencia, que ha causado desmedró al campo y a la tradición ecológica campesina y, sobre todo ha dejado una huella de dolor muy profunda a la madre tierra, que hoy el campesino contemporáneo sueña con revertir y resarcir desde una visión holística construida y de-construida en los conocimientos locales tradicionales y la incorporación técnica interdisciplinaria que va desde la agroecología, la ecología, la historia y las ciencias ambientales, ciencias de la tierra, hasta la sociología, la antropología y el arte...

Lo anterior convierte al habitante rural en un ser campesino no meramente individual sino un sujeto colectivo –campesinado, especialmente activo y respetuoso en su relación con la tierra. En este marco hoy muchas comunidades como estrategia sustentable rescatan y empoderan cultivos ancestrales como la Quinua, el maíz, plantas medicinales u otros alimentos ligados a saberes agrícolas culturales muy significativos y, desde esa visión apuntan a una forma orgánica y sustentable de producir comida sana, altamente nutritiva, y en plena armonía ambiental con la naturaleza y la biodiversidad.

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1.   https://www.dnp.gov.co/programas/agricultura/Paginas/mision-para-la-transformacion-del-campo-colombiano.aspx

2. Salcedo S. & Guzmán L. Agricultura Familiar en AL y Caribe: Recomendaciones de Política. FAO. Santiago - Chile 2014.

Ismael Paredes, junio de 22 de 2015, inicio del nuevo Ciclo agrícola y renovación de fuerzas 

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